Siento que encariñarme de ti no es bueno sentir que empiezo a quererte sea malo se que me ves como alguien con buen corazón estoy aprendiendo a quererte es malo lo sé se que no sientes la mísma alegría de ver un mensaje mío como yo de ti me siento raro queriendo conquistar queriendote pensando que llegaré a tocarte déjame las cosas claras por que se que no seré muy feliz cuando digas que no siente los mismo no digo algún sentimiento no si no la manera que te veo yo a ti la manera de llegar a la realidad de felicidad para mi es verte se que no quieres eso conmigo se que no queras tomar mi mano se que no queras mirarme como yo lo hago déjame las cosas claras dime que no quieres estar conmigo y me iré. Sólo dime lo que quieres que ocurra .
El destino… Algo que te deja con una gran incertidumbre ¿Verdad?
Aunque existen veces en las que puedes tener una idea de cuál será tu propio destino.
Yo ya tengo una idea del mío; sé que bueno no será, sino todo lo contrario.
Pero, es lo que me merezco. Toda mi vida he tratado a las personas como si fuesen inferiores a mí, he sido demasiado egoísta y he lastimado a aquellos que algún día llamé “Amigos”.
Quizá te pude haber conocido seis años antes, incluso más jóvenes, con muchos menos sueños, con la vida siendo más sencilla y sin las presiones que años después nos traería la vida.
No creo haberte conocido antes, tampoco después, fuiste justo a tiempo; a tiempo para grabarme la primera vez que te vi, a tiempo para que marcaras mi vida como nunca nadie más lo ha hecho.
Llegaste a tiempo a mi vida para que me enamorara de ti, para grabarme tu risa, tus maneras, para quedarme para siempre con tu mirada atravesándome el corazón.
Y aunque nos separamos, de nuevo llegaste a tiempo para convertirte en mi primer beso, para convertirte en la dueña de mis primeras cartas y de cuatrocientos poemas, fuiste a tiempo para que te diera mis primeros “Te amo” y a tiempo para que también te convirtieras en mi más grande despedida.
Siempre has estado a tiempo, para enseñarme cosas de la vida, el bien, el mal, para compartir conmigo noches de palabras que fueron eso palabras y para convertirte de vez en vez en una caricia a la distancia.
Fuiste a tiempo para crear miles de sueños, para ser punto de partida y de llagada, para ser el maestro perfecto en esta largo camino que aunque sea contradictorio a veces nos parece tan efímero y nos dura un parpadeo.
Llamemoslo “Destino”, “Coinicidencia” y demás sinónimos, mi preferido es decirle al mundo que llegaste a tiempo para que fueras amor.
Aquí es donde lloro, incluso aunque las lágrimas no me salen.
Aquí es donde sangro, aunque no veas sangre por ninguna parte.
Aquí es donde desparramo mis pedazos aceptando que me han roto, aunque tú me veas sonriente y con los ojos bien abiertos.
Aquí no soy la chica risueña de los pasillos ni a quien le pides consejos cuando estás mal.
Aquí me quito todas mis capas y tumbo todos mis muros, para sacarlo todo.
Y es un diferente ángulo de mi, en el cual tengo ojeras por no dormir, dolores de espalda por no hablar de lo que me duele y unas inmensas ganas de cerrar los ojos y no volver a despertar.
Aquí mi risa esta apagada y mis palabras se han acabado.
Estoy cansada.
No me juzgues, aquí es donde vengo a dejar mis últimos alientos.
“Hoy veo en retrospectiva y me doy cuenta de lo mucho que me has cambiado desde que llegaste. Bastaron tan sólo unos días para comprender que algunas personas llegan a tu vida para desmoronarte la tristeza, para descoserte esas risas que pensabas que eran una herida si las sacabas a la luz del día, a descontrolarte los nervios, los sentimientos, las canciones. Y eres tú, eres tú quien me hace querer no morir y ser por siempre joven, y al mismo tiempo me haces querer envejecer a tu lado. Y veo cómo las horas se pasan como agua en mano siempre que estoy a tu lado. Antes de ti era una sombra en forma de nube que se paseaba por la vida tratando de contenerse la lluvia, pero que, un día, sin más pensar, apareciste como el arco iris al final de la tormenta, y me haces bailar a cada paso que voy. En cada tormenta en la que entro estás tú, que eres Sol, brillando, radiante, atravesando mi piel para llegar a colar tus rayos por mis grietas. Me amaste roto y por eso te amo con todos mis pedazos. No preguntaste el porqué de mis cicatrices, sino, más bien, también te desnudaste las tuyas y yo, que siempre le he temido al amor, las besé y las hice mías. Mías y de nadie más. ¡Y maldije las palabras que te las hicieron y bendecí la mano que las curó!
Me dices al oído que tienes miedo de perderme y te susurró al hombro que no hay mayor miedo que los principios, pero no temas, no lo hagas, no temas a ser feliz, no temas a ser feliz a alguien más.
Si supieras lo importante que son los besos que me das cuando nadie mira, cuando todo calla, incluso aquellas montañas que nos vieron darnos nuestro primer beso, fue un eclipse.
Dos pueden atraerse como el metal y el imán, pero luego estamos nosotros, que no importan las fuerzas que traten de separarnos, porque el universo nos unió para forjarnos a ser algo inmortal en alguno de sus rincones.
Quiéreme, M. Quiéreme, y no me sueltes jamás.
No dejes que pase frío, que me haga daño el invierno, que el viento traiga de nuevo aquella persona a la que maté y enterré en el pasado, no dejes que vuelva a ser lo que un día fui. Toma mi mano y haz de ella un universo aparte, distante, en donde podamos ser felices tú y yo.
Al final de la tormenta, uno encuentra a alguien con quien querer pasar todos los días, incluyendo los nublados y los soleados, los malos y los buenos, los grises y los de colores, a su lado.
Espera…
Tengo miedo, ahora soy yo quien tiene miedo de que me sueltes y me dejes ir como piedra en una corriente. Sé que soy duro de roer, pero también sabes que puedo llegar a quemar, tanto así como para encender una llama en el corazón más frío.
Te amo, M. Sabes que llegaste a mi vida para salvarme del naufragio, mi mejor caída has sido tú, utilizas tu saliva para curar mis heridas.
Te prometo que tu corazón, que te lo han roto en mil pedazos antes, intentaré coser, al igual que tus alas, tus miradas tristes.
Arreglaré tus días, tu vida y tus noches.”